sábado, 1 de marzo de 2014

EL COMIENZO DE LA IMAGINACIÓN

Kurt caminaba por un terreno yermo y baldío, envuelto en húmedas nieblas fantasmales que se cerraban sobre él y se adherían a su piel como si se tratase de manos espectrales que intentaran atraparlo con sus dedos ganchudos y pegajosos. Andaba encorvado, con dificultad, casi arrastrándose, con sus últimas fuerzas. Al cabo de dos minutos ya no podía más, estaba sin fuerzas , le dolían las heridas que tenia por todo el cuerpo , estaba deshidratado y estaba sin agua . Ya no sabía qué hacer , si pararse a descansar en medio de la nada con un sol que quemaba como el fuego y que brillaba más que una bombilla , o seguir andando con las pocas fuerzas que le quedaban para ver si podía encontrar algo o alguien que tuviera algo de comida y agua .

Pasaban los minutos y él seguía en pie caminando, hasta que de repente vió una luz, una luz muy potente, que por una parte dejaba ver entre la niebla y  por otra no se veía nada por sus molestos rayos. Él cómo no sabía de que se trataba pensó que podrían haber más humanos y que le podrían prestar algo de agua y comida. Empezó a correr y a medida que se iba acercando veía con más nitidez una especie de edificio con faros arriba y por ambos lados. Estaba tan desorientado que no veía que lo que tenía delante era la cárcel de la cual se acababa de escapar aprovechando la niebla para irse. Los faros eran para avisar de que se había escapado un preso, y ese era él.  Se fué acercando cada vez más, más y más , hasta que llego a la puerta , y pidió comida tan tranquilo e inocente como un niño pequeño .

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